Hoy
26 de julio es el día de San Joaquín y Santa Ana, también conocido como el día
de los abuelos, figura importantísima en nuestras familias. En esta fecha recordamos que en La Ventosa existió una ermita
dedicada a Santa Ana. Ya desaparecida desde hace siglos, estuvo situada en un
camino al oeste del municipio, cerca del actual cementerio municipal. Como en otras
ocasiones, la toponimia nos aporta una valiosísima información, existiendo aún
el Collado de Santa Ana, en la localización descrita anteriormente.
Es
interesante recordar que en otros lugares de Cuenca también existe o ha
existido una devoción importante por Santa Ana, como en Culebras, también perteneciente
a Villas de La Ventosa, donde existen aún las ruinas de lo que fue la ermita de
Santa Ana. Se da la circunstancia de que este año 2026 la localidad conquense
de Carrascosa del Campo ha vivido una jornada histórica al acoger el Encuentro
Nacional de Pueblos, Parroquias y Hermandades de Santa Ana en España, coincidiendo
con el primer centenario de la reconstrucción de su Ermita de Santa Ana (1926-2026).
En
el caso de La Ventosa, la ermita está documentada en numerosos protocolos notariales
desde muy antiguo, mostrando en esta ocasión una escritura de 1576 correspondiente
al escribano conquense Lorenzo Bordallo (A.H.P.C., Lorenzo Bordallo, 1576, pp. 580-581)
donde se habla del encargo de los trabajos que debía llevar a cabo Damián
Saravia de Oropesa, maestro de carpintería, para rehacer de nuevo toda la
carpintería de la ermita que debía estar muy dañada, lo que indica la gran
antigüedad de la construcción, seguramente de época medieval.
La
información que aparece en esa escritura es la siguiente:
“La
ermita de Santa Ana de La Ventosa”
“Sepan
cuantos esta carta de obligación vieren como yo Damián de Oropesa, maestro de
cantería, vecino de esta ciudad de Cuenca, como principal deudor, y yo Hernán
Ruiz de Santo Domingo, platero, vecino de esta dicha ciudad, como su fiador y
principal pagador, entrambos a dos, juntos de mancomún y a voz de uno y cada
uno, y cada uno de nos y de nuestros bienes por el todo tenidos y obligados…
otorgamos y conocemos que nos obligamos que yo el dicho Damián de Oropesa haré
la obra de la Ermita de la Señora Santana de la villa de La Ventosa de todo lo tocante
a la carpintería conforme a los que está tratado y concertado por mando del
señor provisor que es desarmar y deshacer y desbaratar la dicha obra de
carpintería y tornarlo a armar más agrade de lo que ahora está, que quede en
una agrura suficiente de la manera que está tratado y a vista de oficiales y de
maestros que lo entiendan, que sean peritos en el arte y tengo de dejar yo el
dicho Damián de Oropesa la obra acabada a vista de los dichos oficiales y
maestros en todo el mes de julio de este presente año de 1576, lo cual todo que
dicho es nos los dichos Damián de Oropesa y Hernán Ruiz de Santo Domingo, so la
dicha mancomunidad nos obligamos que lo haremos y cumpliremos como de suso se
declara so pena que si así no lo hiciéremos y cumpliéremos que a nuestra cosa
pueda el mayordomo de la dicha ermita mandar hacer la dicha obra y ejecutarnos
por lo que en ello se gastare y para la ejecución de ello nos puedan enviar a
ejecutar a nosotros donde quiera que estuviéremos nosotros o cualquiera de nos,
y a la persona que fuere a ello la pagaremos cuatro reales de salario por cada
un día de la ida, vuelta y estada en la ejecución y cobranza de ello y que sea creído
por su juramente la tal persona de los días que en ello se ocupares, a lo cual
nos obligamos como al negocio y deudo principal”.
Conviene
recordar que Damián de Oropesa, vecino de Cuenca en esos años, también realizó
obras en la iglesia de Jábaga, en la casa del cabildo de Santo Toribio en Cuenca,
en la casa del regidor Diego del Castillo y fue el encargado de realizar las
obras de carpintería de la iglesia de Santa Cruz en Cuenca.
La
desaparición de la ermita de Santa Ana de La Ventosa no está fechada con precisión,
pero el retablo que actualmente se puede contemplar en la iglesia parroquial o
parte de él pudo estar en la ermita antes de su destrucción y ruina. Este retablo
tiene un remate acoplado procedente de la Catedral de Cuenca. Recompuesto de
distintas épocas, el cuerpo inferior posee adornos barrocos de cardinas de
buena traza y fina ejecución. En el cuerpo central, está una hornacina dorada
de época anterior, y en el copete, cuadro de Santa Ana.